Hace no mucho un titular glorioso salido de los cerebros genialmente enfermos de El Mundo Today rezaba:
"Le nombran presidente de su escalera y dice que es 'community manager".
Los cargos y títulos no garantizan nada. O sea que lo que haga cada productor depende. También dicen que Mark Knopfler era el cantante de Dire Straits y todavía estamos esperando a que no parezca que está mascullando la lista de la compra. ¿Cantante, dices? ¿Tan cantante como Sam Cooke?
Pues con los productores pasa igual, la palabra vale para muchas cosas. Dicho grosso modo, hay dos tipos de productor en un disco: el que nos gusta, el que está pendiente de la música, la instrumentación, el tipo de sonido , la mezcla (el volumen de cada instrumento, si le conviene más reverb -eco- o menos, etcétera)...; y el que es una especie de manager, un conseguidor de músicos y de medios en general, pero que solamente piensa en las cuestiones organizativas y de marketing (asquerosa palabra cuando se mezcla con otras dos: grabar discos; y no pongo "mercadotecnia" porque eso ya me suena a Mecano, qué espanto).
Un ejemplo fácil y visible: el productor tiene que vigilar cómo canta el vocalista. No sin esfuerzo, Mark Ronson logró que Amy Winehouse cantara como una persona mayor una vieja canción, Valerie. En esa grabación, remata las frases bonitas y sin gorgoritos innecesarios, la melodía es clara (calma, he puesto pocos segundos):
Pero cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta, y nuestra Amy (ay, Amy) se desmanda, no canta la melodía que debe, frasea mal (coloca las palabras de un modo incómodo) y destroza el estribillo. Es muy habitual es sus directos, es su forma natural de cantar si nadie la dirige, es un vicio (y no valen bromas con sus aficiones lisérgicas).
El del cantante es un ejemplo fácil, pero si lo aplicamos a todos los instrumentos, el productor casi se convierte en domador de músicos: que toquen bien, con la intensidad y velocidad que deben, y que la mezcla (la relación de volúmenes entre instrumentos, entre otras cosas) sea la adecuada. Así quedó el maravilloso Starman de David Bowie en el estudio:
Bien, ¿no? Pues se van al Top Of The Pops, glorioso programa de la BBC, la tocan cada uno con el garbo que quiere, el corista llega al estribillo cuando le da la gana, y el técnico de sonido nos quita casi la guitarra acústica, nos atrona con el piano, sube demasiado los violines, y se monta un guirigay doloroso:
En fin, que hay algunos técnicos y productores que estarían más guapos de "community manager". A otros, como a George Martin, el de los Beatles, les debemos la vida. Y algunos más, talento aparte, más bien se dedican a quitárnosla. Que se lo digan a la víctima de Phil Spector.

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